miércoles, 8 de abril de 2015

Ni cansa ni se cansa

Dicen que los comienzos son difíciles, que empezar siempre cuesta, pero a veces lo complicado es seguir. Después de los saltos al vacío, los muros destruidos y los miedos vencidos de la Pascua pasada, habían quedado dentro de mí preguntas esperando ser contestadas por Dios. Llegué el miércoles con unas expectativas que me nublaban la vista, y al ver que no se cumplían, mi esperanza, mi fe, mi confianza y falta de sed, mi calma, mi alma, ese fuego interno que sentía tan adentro, se iban apagando y se alejaban en un mar de oscuridad. Pero entonces, llegó el Viernes Santo, un día de dolor, un día de silencio, solemne, un día que al final, fue todo lo contrario. 

Creía que no merecía estar allí, que no estaba viviendo con la intensidad que tuve el año anterior, que estaba defraudando a Dios y a la gente que estaba allí conmigo, hasta que me dijeron “eres más fuerte de los que piensas”, y todo cambió, me habló a través de la gente con la que estaba viviendo la Pascua, porque no hay cicatrices incurables. Sentí la mano de Dios sosteniendo la mía, su sonrisa cálida mientras ponía todas mis cargas en su cruz, entonces supe que tenía que actuar, que no podía seguir esperando a creer merecerlo. ÉL había abierto una ventana, había dicho “déjame entrar” y cuando lo hace, llena y vacía, saca todas tus cargas y te inunda de felicidad. Ahora no podemos seguir como si nada, debemos proclamar que venció el amor, que un alma que anda con ÉL no cansa ni se cansa. 

Estos cinco intensos días han acabado, pero no se pueden quedar ahí, hay que seguir caminando, avanzar, que esto no caiga en el olvido ni se quede en un recuerdo, porque Dios, mi Dios y el de todos nosotros, el que ha dado la vida por el hombre, el que ha entregado todo, hasta la última gota de sangre de su costado, ese Dios, suena dentro de mí. Hemos vuelto a nacer, empezamos de nuevo el camino, y ahora, somos testigos de su resurrección. Algo tan grande no puede pasar desapercibido, todos lo tienen que saber, decidles que vengan a la fuente de la vida, que Jesucristo está vivo, QUE EXISTE DIOS. Después de todo, de empezar a oscuras, sólo puedo gritar, Tú me salvas, con ese amor sincero, ese amor sin fronteras. Es nuestro turno, adelante. 

Testimonio Pascua '15
Mercedes López
San Javier (Murcia)

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