domingo, 22 de octubre de 2017

Con el corazón en el domingo

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta.
Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?»
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.»
Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta cara y esta inscripción?»
Le respondieron: «Del César.»
Entonces les replicó: «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»

En la sociedad pagamos impuestos y tasas. Muchos. Muchas veces. Pero, abramos los ojos a la realidad, los más altos impuestos no son los que pagamos al Estado para que construya mejores carreteras, atienda las escuelas y la salud pública, financie nuestra seguridad, ayude a los más necesitados y tantas otras cosas necesarias que sólo el Estado puede y debe hacer. Hay muchos otros impuestos que no pagamos en dinero pero que son también muy importantes. ¿Cuántas veces por respetos humanos no nos atrevemos a decir lo que de verdad pensamos? Y preferimos callarnos, guardar silencio. Ahí pagamos un impuesto muy alto, vendemos nuestra propia autenticidad, nuestra libertad, nuestra dignidad. Todo con tal de que los demás nos sigan aceptando, toda para adaptarnos a ellos. 

Pagar el impuesto al César no era sólo darle la moneda. Era hacerse siervo del César, obediente a sus normas. Era ser su esclavo. Por eso Jesús pregunta con ironía de quién es el rostro que figura en la moneda. Si es del César es que hay que devolvérselo al César. Pero al César hay que darle sólo el dinero no la vida ni el honor ni la libertad. Todo eso pertenece a Dios y nada más que a Dios. La vida, el honor y la libertad son los dones que Dios ha puesto en nuestras manos. Es nuestra responsabilidad devolvérselos a Dios acrecentados, cuidados y llevados a su plenitud. Ése es el impuesto que nos ha preparado Dios: que llevemos nuestra vida y nuestra libertad a su plenitud. 

Hoy el Evangelio nos plantea una cuestión básica: ¿a quién servimos? ¿A quién pagamos los impuestos más valiosos? Y sigo sin referirme a los que pagamos al Estado. Esos son necesarios. Esos los pagamos con dinero. Lo malo son los impuestos que pagamos a lo qué dirán los demás de nosotros o al egoísmo. Esos los pagamos con nuestra libertad, renunciando a ella. Al final terminamos siendo esclavos de esos señores. Y renunciamos a los mejores bienes que Dios nos ha dado: la libertad y la vida. 

Jesús nos pide que no nos olvidemos de dar a Dios lo que es de Dios. La vida que vivimos, la vida de nuestros hermanos, la libertad a que estamos llamados, todos esos son los dones de Dios. Le pertenecen. Y al final, cuando llegue el último momento, se los tendremos que devolver, acrecentados, llevados a plenitud. Mi vida y la de mis hermanos y hermanas. Mi libertad y la de mis hermanos y hermanas

sábado, 21 de octubre de 2017

Cuento: El país de los pozos

Era el país de los pozos. Cualquier visitante extraño que llegara a aquel país no vería más que pozos: grandes, pequeños, feos, hermosos, ricos, pobres... Alrededor de los pozos apenas se veía vegetación; la tierra estaba reseca.

Los pozos hablaban entre sí, pero a distancia; siempre había tierra de por medio. En realidad, lo único que hablaba era el brocal: lo que se ve a ras de tierra.
Y daba la impresión de que, al hablar, sonaba a hueco. Porque claro, procedía de lugares huecos...

Como el brocal estaba hueco, en los pozos se producía una sensación de vacío, vértigo, ansiedad...

Y cado uno tendía a llenarlo como podía: con cosas, ruidos, sensaciones raras, y hasta con libros y sabiduría...

Entre los pozos los había con un gran brocal en el que cabían muchas cosas.

Otros tenían un brocal pequeñito, pero también cabían cosas.

Las cosas pasaban de moda: entonces los pozos las cambiaban, y continuamente estaban llenando el brocal de cosas nuevas, diferentes... Y quien más tenía era más respetado y admirado...

Pero, en el fondo, no estaban nunca a gusto con lo que tenían. El brocal estaba siempre reseco y sediento...


¿He dicho “en el fondo”?

Bueno, sí: la mayoría, a través de los entresijos que dejaban las cosas, percibían en su interior algo misterioso... sus dedos rozaban en ocasiones el agua en el fondo.

Ante aquella sensación tan rara, unos sintieron miedo y procuraron no volver a sentirla.

Otros, encontraban tanta dificultad a causa de las cosas que abarrotaban el
brocal, que se rindieron pronto, y optaron por olvidar aquello que había “en el fondo”.

También se hablaba –en la superficie– de aquellas “experiencias profundas” que muchos sentían... Pero había quien se reía, bastantes, y decían que todo eso eran ilusiones... que no había más realidad que el brocal y las cosas que entraban en el hueco.

Pero hubo alguno que empezó a mirar hacia dentro... y, entusiasmado con aquella sensación que experimentaba en su profundidad, trató de calar más.

Como las cosas que había ido acumulando le molestaban, prefirió librarse de ellas, y las arrojó fuera de sí. Y el ruido lo fue eliminando, hasta quedarse en silencio.

Entonces, en el silencio del brocal, oyó burbujear el agua allá abajo... y sintió una paz enorme, una paz viva, que venía de la profundidad.

Y ya no eran sólo las manos, sino los brazos, y... todo el pozo, el que se refrescaba y saciaba su sed en el agua.

Entonces el pozo experimentó que “aquello” justamente era su razón de ser; allí, en el fondo, se sentía él mismo. Hasta entonces había creído que el ser pozo era el tener un gran brocal, muy rico y adornado, bien lleno de cosas.

Y así, mientras otros pozos trataban de agrandar su brocal, para que el hueco fuese mayor y cupieran más cosas, éste, buceando en su interior, descubría que lo mejor de sí mismo estaba en la profundidad, y que era “más pozo” cuanto más profundidad tenía...

Feliz por su descubrimiento, intentó comunicarlo, y comenzó a sacar agua de su interior, y el agua, al salir fuera, refrescaba la tierra reseca y la hacía fértil y pronto brotaron las flores alrededor del pozo.

La noticia cundió enseguida. Las reacciones fueron muy variadas: unos se mostraron escépticos ante el descubrimiento; otros sintieron la nostalgia de algo que, en el fondo, también ellos percibían. Otros despreciaron aquel “alarde de poesía”, como lo llamaron. Hubo a quien le pareció una pérdida de tiempo aquel trabajo de sacar agua de su interior...

Y la mayoría optó por no hacer caso, pues la verdad es que estaban muy ocupados rellenando de cosas el brocal, y ya se habían acostumbrado a la satisfacción que el tener les producía, y se sentían a gusto en el ruido, y estaban contentos con las sensaciones que experimentaban desde fuera...

Sin embargo, algunos intentaron la experiencia, y, tras liberarse
de las cosas que les rellenaban, encontraron también el agua de su interior.

A partir de entonces las sorpresas para éstos fueron en aumento: comprobaron que, por más agua que sacaban de su interior para esparcirla en torno suyo, no se vaciaban, sino que se sentían más frescos, renovados...

Y, al seguir profundizando en su interior, descubrieron que todos los pozos estaban unidos por aquello mismo que era su razón de ser: el agua.

Así comenzó una comunicación “a fondo” entre ellos, porque las paredes del pozo dejaron de ser límites infranqueables. Se comunicaban “en profundidad”, sin importarles como era el brocal de uno o de otro, ya que eso era superficial y no influía en lo que había en el fondo.

Eso sí: en cada pozo el agua adquiría un sabor, incluso unas propiedades distintas: era lo característico del pozo.

Pero el descubrimiento más sensacional vino después, cuando los pozos que ya vivían en su profundidad llegaron a la conclusión de que el agua que les daba la vida no nacía allí mismo, en cada uno, sino que venía para todos de un mismo lugar... y bucearon siguiendo la corriente del agua...

Y descubrieron... ¡el manantial!

El manantial estaba allá lejos: en la gran Montaña que dominaba el País de los Pozos, que apenas nadie percibía su presencia, pero que estaba allí, majestuosa, serena, pacífica... y con el secreto de la vida en su interior.

La montaña había estado siempre allí: unas veces apenas visible, entre brumas; otras veces radiante, siempre vigilante y dándose cuenta de todo lo que ocurría en torno suyo...

Pero los pozos habían estado muy ocupados en adornar su brocal, y apenas se habían molestado en mirar a la montaña.

La montaña también había estado siempre aquí, en la profundidad de cada pozo, porque su manantial llegaba hasta ellos haciendo que fueron pozos.

Desde entonces, los pozos que habían descubierto su ser, se esforzaban en agrandar su interior y aumentar su profundidad, para que el manantial pudiera llegar con facilidad hasta ellos...

Y el agua que sacaban de sí mismos hacía que la tierra fuera embelleciendo, y transformaban el paisaje...

Mientras allá fuera, en la superficie la mayoría seguían ocupados en ampliar su brocal y en tener cada vez más cosas.

viernes, 20 de octubre de 2017

EJD 2017: VIERNES

¡Ya ha dado el pistoletazo de salida del Encuentro de Jóvenes 2017! Casi 180 personas, entre jóvenes, religosos y monitores, se han dado cita en Salamanca y Alba de Tormes para celebrar unos días de vida, entrega y alegría. La noche del jueves comenzaron con unas dinámicas de presentación y conocimiento entre todos los jóvenes pertenecientes a todos los colegios Dehonianos de España. 

Hoy por la mañana, ha tenido lugar la catequesis del lema de éste año "... Y NO TEMAS LO IMPOSIBLE"  Han podido reflexionar sobre los imposibles y los posibles, viendo el caso de Jeremías, viendo el miedo que nos paraliza y viendo la palabra de Dios "Yo estoy contigo, no temas". 

Ésta tarde podrán realizar los diferentes voluntariados por la ciudad de Salamanca bajo el título "Historias de..." una tradición en el encuentro de jóvenes que llena de emociones y sentimientos a cada uno de nuestros jóvenes. 



jueves, 19 de octubre de 2017

CONTIGO, AYUDAR A LOS DEMÁS, ES POSIBLE

Desde nuestra Provincia lanzamos una nueva campaña enfocada a captar fondos para aquellas personas más necesitadas y débiles, cuyo lema es “Contigo ayudar a los demás es posible”. 

A través de la plataforma digital www.hazlatirelcorazondelmundo.com pretendemos ser una ayuda para las personas que están sufriendo alrededor del mundo.
En esta ocasión hemos prestado especial atención al pueblo venezolano que está viviendo un tiempo complicado con escasez de medicinas y alimentos. Allí los religiosos Dehonianos están realizando una labor encomiable facilitando comida y medicamentos, y dando apoyo pastoral. No podemos dejarlos solos, ¡Venezuela nos necesita!

Además, ponemos en valor los diferentes proyectos que llevamos a cabo en Ecuador, India, Uruguay… así como su programa de Apadrinamiento de Niños, Voluntariado y Testamento Solidario.



martes, 17 de octubre de 2017

No hay misión pequeña, si el amor es grande


lunes, 16 de octubre de 2017

DOMUND 2017

El próximo 22 de octubre la Iglesia celebra la Jornada Mundial de las Misiones, es el Domund, una jornada misionera en la que de un modo especial, la Iglesia universal reza por la misión y los misioneros y colabora con ellos.

El lema del Domund de este año: “Sé valiente, la misión te espera” invita a ser valientes y comprometerse a fondo con la labor misionera de la Iglesia.
“Sé valiente”. El papa Francisco invita continuamente a retomar la audacia del Evangelio. Coraje y valentía para salir de nosotros mismos, para resistir la tentación de la incredulidad, para gastarnos por los demás y por el Reino, para soñar con llegar al más apartado rincón de la Tierra.

Con la Jornada Mundial de las Misiones, Domund, se apoya económica y espiritualmente a los territorios de misión, aquellos lugares del mundo donde el Evangelio está en sus comienzos y la Iglesia aún no está asentada. Estos territorios están confiados a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, y dependen de la labor de los misioneros y del sostenimiento económico de las Obras Misionales Pontificias (OMP) de todo el mundo.

jueves, 12 de octubre de 2017

¡20 años en Ecuador!

Un 15 de octubre de 1997, los Dehonianos volvimos a Ecuador a desarrollar nuestra misión. Continuábamos así la primera misión de los Padres Reparadores en tiempo de nuestro fundador, el P. Juan Leon Dehon. En este país sudamericano comenzó el movimiento misionero de la Congregación SCJ cuando en noviembre de 1888 los dos primeros misioneros, los padres Ireneo Blanc y Gabriel Grison, partieron a esa tierra.

Sin embargo, tras varios acontecimientos, fueron expulsados de Ecuador en junio de 1896 por el Gobierno Liberal de Alfaro al estallar una revolución anticlerical en el país. Cien años después, en 1997, los Dehonianos volvimos a ecuador.

En concreto, tres religiosos españoles: el P. Ramón Soriano, el P. Artemio López y el H. José Mª Urbina, acompañados por el Padre Provincial, el P. Aquilino Mielgo Domínguez, fueron destinados a este país, siendo Bahía de Caráquez (Manabí) el lugar escogido para asentarse.  Con el paso de los años se fueron incorporando más religiosos españoles y brasileños.

Los inicios no fueron fáciles, ya que les sobrecogió el fenómeno El Niño, que les obligó a partir a Leonidas Plazas ya que se inundó el semi-sótano donde se alojaban. A pesar de los momentos adversos, los Dehonianos siempre hemos estado allí para ayudar a las personas más necesitadas.

Quito y Bahía de Caráquez son las ciudades donde se centra nuestra misión. Allí trabajamos en comedores sociales, el proyecto de apadrinamiento de niños, ayuda a ancianos con el Centro de Día Sagrado Corazón, ayuda a jóvenes con el Centro de Formacón Domus Cordis, ayuda a quien vive en la calle con Callejeros de la Fe…
En el último año hemos prestado especial atención a la construcción de casas para poder dar un hogar a todas las familias que lo perdieron todo en el terremoto de abril de 2016.
Ya son veinte años al lado de los más vulnerables, veinte años dando apoyo a quien nos necesita en su día a día, y seguiremos trabajando para que sigamos cumpliendo años de nuestra misión en Ecuador.