Con el corazón en el domingo

1º domingo de Cuaresma

¡Qué tendrá el desierto!

Por un lado seduce y por otro asusta.
Ve al desierto. Despierta a la luz de lo evidente, de lo indescriptible, de lo permanente.
¡Qué tendrá el desierto! ¡Si en el desierto no hay nada!
Precisamente, por eso. En el desierto no hay nada más que tú. Tu vida se hace evidente, el don de lo imprescindible se hace pantete, y lo superfluo huye, se evapora.
Solo entonces te das cuenta de que eres, existes, como un milagro, como una chispa de humanidad en medio del universo: estás ahí y sintes, piensas.
Eres la demostración patente de que el amor lo inunda todo, y ahí estás tú para respirarlo, para fundirte con él y atestiguarlo.

En el desierto no hay nada, salvo el Dios amor que todo lo inunda y tú, que lo respiras.