7º Domingo del tiempo ordinario: Mc 2, 1-12
Su palabra...
El evangelio de Mateo nos habla del milagro del paralítico, perdonado y curado. Una vez más, la gente se junta por los milagros, y Jesús les anuncia la Palabra. Entre tanto, le trajeron a un paralítico llevándolo entre cuatro y Jesús le perdona todos sus pecados. La curación del paralítico impacta, pero el perdón de los pecados es lo que salva. Al momento, y como siempre, unos maestros de la ley se oponen a Jesús. Le acusaron de blasfemia ya que sólo Dios era el único que podía perdonar los pecados,
Jesús, ‘el Hijo de Hombre’ puede sanar milagrosamente y también perdonar pecados y así lo hizo delante de todos. El paralítico volvió a su casa curado y reconciliado con Dios.
Lo que nos dice...
Nosotros, aunque no nos damos cuenta también estamos paralíticos... Si, Si, paralíticos.
Son muchos los aspectos de nuestra vida que están paralizado por diferentes causas:
El miedo que no nos deja ser nosotros mismos, lo que sentimos y necesitamos expresar, e incluyso nos impide amar, el egoísmo que paraliza nuestra atenciñon a los demás, el orgullo que paraliza nuestra capacidad tanto de perdonar como de pedir perdón, la avaricia que paraliza nuestra generosidad y solidaridad, el matearialismo que paraliza nuestra dimensión sobrenatural de nuestra vida y la búsqueda de los bienes eternos, la pereza y la comodidad que paralizan nuestra capacidad de hacer el bien que podemos y de crecer, avanzar y mejorar en todos los aspectos de nuestra vida, la soberbia, la autosuficiencia, nos hacen pensar que nos bastamos a nosotros mismos, que no necesitamos de nadie, y paralizan nuestro deseo de Dios.
Y así se podría hacer una larga lista, pero lo importante es darnos cuenta de nuestras parálisis en la vida de cada uno, es la única forma de que pueda nacer en nosotros el deseo de curación y de acercarnos a Jesús para que nos cure, para ser PERDONADOS. Y Él nos ofrece, ante todo, la curación de nuestro pecado, porque es ésa la causa de tanta parálisis y de tanto sufrimiento en nuestra vida y en la de los demás.Como el paralítico del Evangelio, quizá también nosotros necesitamos que nos ayuden para acercarnos a Jesús y superar los obstáculos y dificultades que se nos presentan.