1. Un corazón que nos sostiene



El Corazón de nuestro Dios
es un corazón atento que
siempre nos escucha y nos
sostiene. Nuestro corazón
sediento de Él, lo busca y
lo ansía, quiere contemplar
su amor y su bondad. De
madrugada o acostados
ya en la noche nuestro
recuerdo va a Él, porque
bajo su mirada nos
sentimos felices. Su
presencia protectora
siempre nos acompaña.