es un corazón
atento que
siempre
nos escucha y nos
sostiene.
Nuestro corazón
sediento
de Él, lo busca y
lo ansía,
quiere contemplar
su amor y
su bondad. De
madrugada
o acostados
ya en la
noche nuestro
recuerdo
va a Él, porque
bajo su
mirada nos
sentimos
felices. Su
presencia
protectora
siempre nos acompaña.