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Oración de la mañana – Semana Misionera. Día 1

El próximo día 21 de octubre celebramos el Domund: Jornada Mundial de las Misiones, bajo el lema “Cambia el mundo”. Desde la Delegación de Pastoral Vocacional comparten con todos nosotros la oración de la mañana para la Semana Misionera que se va celebrar en todos los centros dehonianos a partir del próximo lunes 15 de octubre.



Lectura del Evangelio según san Marcos (Mc 6, 7-10)
En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y decía: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, en testimonio contra ellos».
Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
Palabra del Señor.


Testimonio desde Ecuador


Padre Nuestro
Oración final
Señor, ayúdame a cambiar
para cambiar el mundo.
Necesito renovar el corazón,
la mirada, mis modos de hacer.
Que mi misión sea comunicar tu vida,
tu misericordia, tu santidad.
Enséñame a amar como Tú
para cambiar el mundo.
Amén.
Canción “Somos misioneros”

Testimonio misionero - Noelia Rodríguez (Quito '18)

“Les pido que sean protagonistas del cambio (Papa Francisco)

Hace tres años terminaba mi experiencia misionera diciendo que la misión te cambia por dentro y por fuera y te hace renacer al mundo. Y no me equivocaba, podría repetir esas palabras a día de hoy, después de ya unas semanas aterrizada de nuevo en España. Quizás la misión más importante durante este tiempo ha sido el día a día. La misión en casa, en el trabajo, la misión con los compañeros, la familia, los amigos, la misión en la calle, en las vivencias y las experiencias. Y no es fácil. No es fácil llevar todo lo vivido al día a día. Es imposible cortar a tu mente y que deje de pensar en lo vivido, lo sentido y que se ponga a pensar y proyectar en el aquí y ahora. Pero creo que eso es parte del proceso personal de uno mismo, lograr de llevar todo lo bueno a lo bueno que podemos aportar en los diferentes aspectos de nuestra vida y ayudar a que otras personas sientan ese deseo de aportar parte de su vida y su tiempo a entregar lo mejor de sí mismos allí donde se necesite.

Creo que vivimos en un mundo que está excesivamente comunicado, tenemos exceso de estímulos que buscan respuestas y el amor cada vez deja de tener el sentido que debiera y ya no hablemos del amor por los demás… Hay muchos que nos negamos a ver las oportunidades que nos pone Dios en nuestro día a día, y nos cegamos, pero si le dejamos entrar y confiamos en él, podemos ver que nos pide, a gritos, ser misioneros de la sal y testigos de la luz.

Eso mismo es lo que siento dentro. Cuando Dios te pide un Sí, hay que gritarle aquello de ¡Aquí estoy! , cuando Dios llama no da una perdida y cuelga para que veas que te ha llamado. Llama y llama tan en serio y a través de tantas personas que el resto viene dado.

Este año he tenido la oportunidad de acompañar al grupo de misioneros en Quito, en nuestra querida parroquia de La Argelia. Creo que todo queda dicho, pero destaco a estas personas con las que he compartido tanto, Sara, Inés y Ramón, han sido y son pura luz y doy gracias de tenerles cerca en mi vida. Con ellos crucé el charco con esos 9.000km que nos separan de allá. No es fácil dejar tu país, tu casa, tu familia, tus cosas, por irte fuera, o ¿sí? Pues realmente sí que es fácil cuando hay algo muy dentro de ti que te pide salir fuera y dar todo lo que tienes donde te necesitan. Es por eso, que todas esas ilusiones poco a poco fueron viendo la luz. Llegamos allá con la mejor de nuestras sonrisas y la mayor de nuestras ilusiones proyectadas en diferentes acciones y proyectos que se desarrollan allá. En la Argelia la acción social es “brutal” y hemos podido colaborar y dejar lo mejor de nosotros en la pastoral de la salud, pastoral juvenil, grupos matrimoniales, campamentos vacacionales, comedor social, callejeros de la fe, misiones en la parroquia…

Allí intentamos dejar lo mejor de nosotros mismos en cada momento. Recuerdo la mano de cada anciano del centro de día buscando fortaleza, recuerdo los brazos tendidos de cada niño en los campamentos, buscando ese cariño y ese formar parte de algo, recuerdo la alegría de los jóvenes de sentirse únicos, parte de algo muy importante, recuerdo las palabras de cariño de ya amigos ecuatorianos, siempre con sus brazos y casas abiertas, recuerdo la acogida de los religiosos, nunca faltó nada, son alma pura, recuerdo las lágrimas contenidas de todas las familias que viven una situación adversa, recuerdo la impotencia ante las personas que atendemos en la calle, recuerdo el olor a cilantro y seco de pollo cuando repartíamos cada comida del comedor social y recuerdo tantas otras cosas a las que no hace falta ponerles nombre, porque forman parte ya de mí.

Una vez el Papa dijo aquello de “ustedes son los constructores de una iglesia más hermosa y de un mundo mejor” y ¡Madre mía qué reto! ¡Anda que no pide nada, pensé! Durante la misión en Quito esa frase se hizo muy presente en mí, una ve la desesperanza, las situaciones tan adversas, injustas, límites… y piensas qué puedes hacer, con lo pequeña que eres, en medio de tanto, si a veces te faltan las fuerzas hasta ti misma. Ahí es donde siempre aparece alguien, con su luz, a volver a recordarte, eh, que estamos todos en esto, en esa misión, todos juntos. Y te recuerdan que con lo poco que tienen son felices, te recuerdan que no hace falta grandes cosas para hacer algo único, te recuerdan lo maravilloso que es compartir mesa, banco, casa, vida, palabras y alegría. Te recuerdan, una vez más, que mientras en España tenemos de todo, allí sobra todo, que mientras aquí andamos preocupados porque hemos perdido el autobús o que nuestro coche tiene un rallón, la marca del bolso, de los zapatos o qué pantalones me pondré hoy, allí les preocupa avisar a todos para compartir una mesa juntos, abrazar a las personas, trabajar duro para mantener a sus familias, ir a la iglesia, sin perder día, celebrar la vida y regalar su amor a los suyos y a los de su alrededor.

Las gracias se quedan cortas y se transforman en abrazos cargados de vida, de experiencias en la maleta y de vivencias y sentimientos en el corazón. Ojalá seamos muchos altavoces los que, a la vuelta, sigamos gritando con la voz de los sin voz, sigamos pisando los charcos, rompiendo molduras, soñando en grande y siendo testigos de tanto bueno gritando eso, como decía Kairoi, que se puede llevar luz si es la eterna, que se puede ser sal de la tierra de la que da sabor bueno y que se puede ser pan si es del que acoge y alimenta.
Y tú, que lees esto, que tienes ese gusanillo, esa inquietud. No tengas miedo, grita ¡Aquí estoy! Vive algo único, diferente, algo que te cambiará para siempre.

“Sigan superando la apatía y ofreciendo una respuesta cristiana a las inquietudes sociales y políticas que se van planteando en diversas partes del mundo. Les pido que sean constructores del futuro, que se metan en el trabajo por un mundo mejor.”  (Papa Francisco)

Gracias Ecuador. Gracias”.

Noelia Rodríguez
Madrid


Testimonio misionero Inés, joven dehoniana (Quito. Ecuador)


Después de mucho pensar decides que quieres ser voluntario en verano y llegan los primeros comentarios de amigos, familiares. “Después de todo el año estudiando fuera de casa te vas a ir todo el mes de julio”, “ pero cuantas horas de vuelo vas a tener” , “ no prefieres irte de vaciones a la playa y descansar”, pese a todos los comentarios que te hacen tienes las ideas más claras que nunca, este verano seré voluntaria.
Empieza tu preparación, un año antes de marchar y lo ves verdalmente lejos pero el tiempo pasa y llega el momento de hacer la maleta. Empiezas a meter cosas y llenas la primera maleta y sigues metiendo cosas que piensas que no vas a necesitar pero lo metes por si acaso. En ese momento, miras el tiempo que va hacer , entonces decides que todo serán pantalones cortos y un par de largos por si acaso, pero tu madre está por detrás diciendo metete un abrigo y tú no la haces caso como habitualmente y metes más de cortos que de abrigo. 

Y llega, ese día, llega el 7 de julio y a las 5:30 empieza lo que verdaderamente va ser una experiencia que marcara tu vida, habrá un antes y un después. Llegas a Madrid, ves alguna cara conocida y otras que no conoces, pero que serán gran parte de este camino que acabas de empezar. Facturas tus maletas, llegas a la puerta de  embarque, y ya no hay vuelta atrás, Ecuador te espera.

En el avión oigo y comento los primeros comentarios de deberías quedarte en quito con nosotros, pero tú ni te lo piensas porque tu maleta está llena de pantalones cortos para soportar ese calor que llevas viendo desde hace tiempo en tu aplicación del móvil, claro. Tras once horas de vuelo, llegas a lo que siempre recordarás como tu casa, a Quito.

Quito, esa ciudad en la que primeramente solo estarías unos días para conocer algunos rincones y después te irías a Bahía de Cáraquez, que es donde tu tenias pensado estar todo Julio de misión. Pero, de esas cosas que pasan, hablando y hablando te repiten que en Bahía son muchos, que haces mas falta en Quito, que piénsatelo, haz lo que sientas…y entonces piensas y dices “yo vengo de voluntariado me da igual donde, vengo a dar lo mejor de mí”, y al final te quedas en Quito.


Cada día que pasa, ves que tus pantalones cortos aun no están estrenados y en cambio los pantalones largos ya llevan un par de lámparas pero, ¡qué importa eso!, eres feliz, feliz de vivir esta experiencia con este gran equipo. Y realmente, ¡Qué equipo! No podría haber sido mejor, todos muy distintos pero muy iguales por ese algo que nos ha unido, esas inquietudes comunes, esa misión. 

Tu misión en Quito ha empezado, empiezan las primeras reuniones con los jóvenes para conocernos y para organizarnos con el fin de preparar los campamentos vacacionales de la parroquia en el Barrio de la Argelia. Es su casa, su barrio y están dispuestos a dar lo mejor de ellos. 

Pasa la primera semana y empiezan esos campamentos vacacionales, cien caras nuevas que serán imposibles de olvidar, cada uno con una personalidad, cada uno con un estilo de vida y dejando huella en casa paso que dan. Algunos de estos niños vienen por la tarde para que les ayudemos en alguna de las materias que tanto nos suelen costar estudiar en el colegio, muchas veces algunas de las cosas no las recuerdas y te tienen que refrescar la memoria y ¡qué bien viene la verdad! 

En esos ratos por la tarde, intentas que los más pequeños aguanten un ratito sentados y les pones algún dibujo para pintar y alguna ficha de motricidad fina, y cada gesto que dedicas a estos niños de cariño te lo devuelven por cien, abrazos, besos, caricias. En definitiva, cada  persona te aporta algo nuevo a tu vida, único, que queda para siempre.
Los campamentos vacacionales acaban  y con ello los días en Quito se van agotando. Llegó un día triste, ese día en el que una gran amiga regresaba a España y con su regreso y el fin de los campamentos vacacionales, se nos hace muy duro estar allí en nuestra última semana, dedicada a las misiones parroquiales. 

Recuerdo la primera mañana de esa última semana, Sara y yo sólo deseábamos que pasasen esos días y volver a España, pero las apariencias engañan, solo fue el primer contacto, después todo cambió y nos hubiesen hecho falta un par de días más para exprimir de lleno la experiencia de misiones, fuerte y dura, pero única, cargada de momentos muy vivenciales y muy emocionantes. 


Cabe decir que el P. Pablo y el Hermano Jose Mari, nos recordaban cada día que teníamos que bajar a Bahía, así que llegó el día de comprar los billetes y tras 7 horas de viaje, estoy en Bahía. Sí, Bahía, donde yo iba al principio. Y en ese momento te reciben los padres con los brazos abiertos, te enseñan cada rincón y cada obra social de allá y te quedas con los ojos como platos por la gran cantidad de trabajo que tienen solo para tres personas, pero no son tres personas  cualquiera, son tres súper personas que se merecen toda mi admiración, al igual que P. Pablo y Jose Mari, ellos son el P. Jonathan, el P. Bruno y el P. Edson. Con todos ellos he descubierto que se puede amar lo que haces y que aquello de dejar tu país de origen para ser misionero claro que nos es fácil, pero que si es algo que sientes muy dentro, sé valiente y vete, como ellos. 


También  quiero agradecer a cada persona que he conocido en Quito, gente de la parroquia, en especial a la hermanita Vilma y el hermano Pepe, siempre estaban dispuestos a regalarte una sonrisa o buen gesto cuando el cansancio ya podía con nosotros, GRACIAS DE TODO CORAZON. 

Para finalizar quiero hacer una mención especial al  P. Pablo y al hermano Jose Mari que entregan lo mejor de ellos cada día en Quito haciendo posible las múltiples actividades parroquiales y dejándose el alma en ellas, y por supuesto gracias por dejarnos formar parte de vuestra casa durante este tiempo, ha sido una experiencia increíble gracias a vosotros, GRACIAS.
Por último gracias a Raúl por confiar en mí desde el primer momento y dejarme formar parte de la experiencia.

Se puede amar lo que haces, siempre, sé valiente. Salta. 



Inés Torres.
Venta de Baños

Experiencia Voluntariado Misionero: Mónica Sirvent

El Voluntariado Dehoniano es una experiencia única, supone vivir momento que marcan tu vida. Mónica Sirvent partió este verano a Quito (Ecuador), allí vivió momentos que llegaron directos a su corazón. Meses después nos envía esta carta como testimonio de lo que ha supuesto realizar el Voluntariado Dehoniano.

Voluntariado
“Hace unos meses tuve la oportunidad de vivir una gran experiencia en Ecuador. Venía con dos experiencias parecidas en la mochila, otros voluntariados internacionales que me habían dicho que me cambiarían la vida, pero no fue así, no me sentía diferente al volver a casa. Sin embargo, esta vez ha sido diferente. Han pasado ya 4 meses desde que volvimos, y no pasa un día sin que piense en todo lo que viví en Ecuador.

Cuando volvimos, con el corazón todavía caliente por todas las emociones vividas, decía que había sido uno de los mejores viajes de mi vida. Tenía miedo de que se quedara en eso, en un “calienta corazones” que al pasar un tiempo y al volver a mi rutina se me olvidara todo. Pero lo cierto, es que ahora, meses después sigo pensando en lo mismo, y puedo ver en pequeños detalles de mi vida cotidiana que fue una experiencia que realmente dejó huella en mí. 

Es verdad que fueron muchas cosas las que vivimos, viajes, momentos, conversaciones, cantos, risas, abrazos, y muchos proyectos en los que participamos, como el Centro de día con los ancianos, las Colonias vacacionales, el Comedor social “María Madre Buena”, clases con los niños apadrinados y Callejeros de la Fe. Cada uno de esos momentos vividos y cada persona que nos acompañó, fueron únicos y un regalo del cielo, un regalo que no esperaba que fuera para mí. Ahora es cierto que recuerdo todos esos momentos, pero para mí, ha sido mucho más importante la huella que han dejado y como han influido en mi día a día. 

Cuando te vas y te dicen que este tipo de experiencias te cambiarán la vida, no es del todo cierto, aunque lleven su parte de razón. Creo que estas experiencias te cambian, pero justo en el momento en el que lo tienen que hacer. En mi caso, ha sido este momento, esta experiencia. Me fui a Ecuador después de un año no especialmente bueno, en el que había perdido un poco la fe en las personas. Había pasado de la inocencia de que todas las personas son buenas, pero hacen cosas malas por su situación en la vida, a no hay humanidad en las personas que me rodean, son frías, egoístas y superficiales.
Pero las personas de la Parroquia de Santa María de la Argelia me enseñaron muchas cosas. Me devolvieron la fe en las personas, me enseñaron que todavía existía humanidad. Gracias a ellos, aprendí a vivir de una forma diferente mi Fe en Dios y la religión.  Aprendí a valorar las cosas pequeñas, a quitarme los prejuicios, y a dar gracias por todo. Me di cuenta de que la Iglesia podía ser diferente. De la importancia que tienen las personas más que objetos, ritos y cualquier otra cosa. Y, sobre todo, de lo que vale un abrazo.

Voluntariado Quito
Al volver a mi vida, a mi rutina, me di cuenta de que no sería fácil vivir como había vivido en Ecuador. Pasé de vivir experiencias con personas que no tenían nada y te invitaban a comer, a ver que para algunas personas lo importante en la vida es el dinero y pasar por encima de los demás para ser el mejor.
Me costó dos meses cambiar la hora de mi reloj, pensaba que si seguía viendo en mi reloj la hora de Quito serviría para no desconectar. Pero me equivoqué. Ya no estoy en Ecuador, estoy en España, y la realidad es totalmente distinta, no puedo cambiar radicalmente las cosas. Pero sí que puedo cambiar mi actitud y traer pequeñas cosas que fui viviendo en Ecuador adaptándolas a esta realidad. Un pequeño ejemplo de esto, es que Callejeros de la Fe ha llegado hasta nuestro entorno, y poco a poco, una vez al mes repartimos bocadillos a la gente que vive en la calle, no solo dándoles de comer, sino tratando de romper barreras, prejuicios, sentándonos con ellos para hablar y darles el cariño, como veíamos que lo hacían en Ecuador. 

Así que solo puedo dar gracias y más gracias a todas las personas que se cruzaron en mi camino, porque a ellas les debo que hoy quiera ser una persona diferente. Gracias al P. Benjamín, al H. José María, al P. José Luis, por abrirnos las puertas, acogernos, por todo lo que nos enseñaron, por hacernos sentir como en casa y por ser nuestra familia. Gracias a Humberto por ser nuestro hermano mayor, por acompañarnos en todo momento. Gracias a Gaby por ser un ejemplo a seguir, un ejemplo de superación. A Patricia, a Christian, a Stalin, por lo que nos enseñaron en los distintos proyectos, por su dedicación. 

Gracias a los ancianos y a los niños que estuvieron con nosotros, por todas las risas que nos sacaron, los bailes y los juegos. A los monitores, gracias por ser nuestros hermanos. 
¡Muchísimas gracias a todos por los momentos compartidos!”

Venezuela más cerca que nunca

En este mes de octubre nuestra Provincia ha contado con la visita de nuestro hermano el P. José Gregorio González, quien ha aprovechado parte de su estancia para mostrar la situación que se está viviendo en Venezuela.
Según nos cuenta “la situación en Venezuela ha empeorado en los últimos meses, la pobreza se ha incrementado, hay un éxodo de venezolanos al exterior y muchas personas están desilusionadas, porque las esperanzas de cambio parecen alejarse.

El actual gobierno ha convertido a gran parte de la población venezolana en mendigos, es decir, personas que dependen de los subsidios del Estado. El gobierno ha generado dependencias, por ello hoy nos toca como hombres y mujeres de fe impulsar la promoción a las personas y despertar las capacidades dormidas, pues toda dependencia esclaviza. Es tiempo para luchar y trabajar por una Venezuela diferente, Santa Teresa de Jesús dice: “A tiempos recios, amigos fuertes de Dios”. No es tiempo para la lamentación, sino para la reconstrucción”.