El salmo
51 nos revela el corazón misericordioso del Padre que en su ternura perdona
nuestros pecados.
Al reconocer nuestro pecado, Él crea en nosotros un corazón puro
y renueva nuestra vida con su Espíritu. Animados por su bondad nos volvemos también
nosotros bondadosos y mostraremos sus caminos de misericordia a los que andan perdidos.
El Señor no quiere ofrendas rituales sino el ofrecimiento sincero de nuestro
pobre corazón.