A ti, futura peregrina…
Hola María,
Durante estos días te he visto en el rostro y en el andar de todos mis jóvenes compañeros de viaje. Yo ya he terminado este camino, estoy en Santiago y quiero que este peregrinar llegue hasta ti de alguna manera. Me gustaría enseñarte tantas cosas como he vivido y aprendido y con las cuales he podido experimentar:
Hola María,
Durante estos días te he visto en el rostro y en el andar de todos mis jóvenes compañeros de viaje. Yo ya he terminado este camino, estoy en Santiago y quiero que este peregrinar llegue hasta ti de alguna manera. Me gustaría enseñarte tantas cosas como he vivido y aprendido y con las cuales he podido experimentar:
- Quiero que sepas que el dolor si es ofrecido a Dios y al prójimo es fuente de satisfacción.
- Que la soledad es maravillosa cuando estás rodeado de amigos.
- Que el hambre y la sed compartidas sacian el corazón.
- Que los tropiezos del corazón tienen cura en el Perdón.
- Que la vejez es un estado de ánimo y el paso del tiempo lo que me da es la posibilidad de ser mejor.
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- Que la soledad es maravillosa cuando estás rodeado de amigos.
- Que el hambre y la sed compartidas sacian el corazón.
- Que los tropiezos del corazón tienen cura en el Perdón.
- Que la vejez es un estado de ánimo y el paso del tiempo lo que me da es la posibilidad de ser mejor.
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Hoy estoy viviendo con unos jóvenes de edad y espíritu unas experiencias conmovedoras que quisiera tu también tuvieras en el “Camino de tu incipiente vida”. Se que puedo dejarte el legado de muchas cosas, mis botas usadas, mi mochila ya sin peso, mi mapa del “Camino”; pero sólo te voy a recordar el estribillo de aquella canción que siempre te gustó desde muy pequeña:
“SI EL GRANO DE TRIGO NO MUERE EN LA TIERRA
ES IMPOSIBLE QUE NAZCA FRUTO.
AQUEL QUE DA SU VIDA PARA LOS DEMÁS
TENDRÁ SIEMPRE AL SEÑOR.”
Mi pequeña peregrina, que tengas buen Camino.
Tu padre
“SI EL GRANO DE TRIGO NO MUERE EN LA TIERRA
ES IMPOSIBLE QUE NAZCA FRUTO.
AQUEL QUE DA SU VIDA PARA LOS DEMÁS
TENDRÁ SIEMPRE AL SEÑOR.”
Mi pequeña peregrina, que tengas buen Camino.
Tu padre
Eduardo, a su hija de 7 años