Testimonios CAMINO DE SANTIAGO

Hacer el Camino de Santiago ha sido una experiencia inolvidable que nunca imaginé que pudiese llegarme tanto al corazón. Intentar trasmitiros aquí todo lo que he sentido es algo imposible, pero sí puedo deciros que, sin duda, merece la pena vivirlo.

Durante el Camino, pensé mucho sobre mí y mi vida, me di cuenta de muchas cosas que no veía con claridad, tuve ocasión de enfrentarme a muchos de los demonios que me atormentaban, conocí mis limitaciones y supe aceptarlas, y fue gratificante poder servir de ayuda a la gente que me acompañaba.

Viví muchos momentos de debilidad, de miedo, de desconfianza, de querer abandonar, decir “basta”. Sin embargo, poco a poco, fui avanzando, y llegó un momento en el que pensé que, si había llegado hasta allí, ya nada iba a detenerme.

Hoy, estoy orgullosa de poder decir que he llegado hasta el final. La satisfacción que sentí fue inmensa y ojalá tú ya la hayas sentido o lo hagas algún día.

Esto ha sido posible, en gran parte, gracias a mis compañeros, gente maravillosa y sorprendente a la que debo mucho. Ellos, con sus palabras, risas, canciones o su simple presencia y compañía me animaban a seguir. El disfrutar de paisajes espectaculares o sentir el encanto de desearle con alegría “buenos días” a un desconocido y descubrir una sonrisa en su cara.
Pero, también pude sentir a Dios, Aquél que no nos abandona ni en nuestros peores momentos. Sentí su intensa presencia en mí y en todos y todo lo que me rodeaba, y cómo me daba fuerzas y ánimo, pequeños empujoncitos para seguir adelante. Cuando no tenía fuerzas le supliqué auxilio, le ofrecí mi sufrimiento, y allí estaba siempre Él para echarme una mano y no dejarme caer.

También me di cuenta de que el Camino es como la vida en muchos aspectos. Uno de ellos es que, aunque también hay bajadas o terreno llano en el que descansar, el sendero correcto casi siempre es el que va cuesta arriba. Pero, si te lo tomas como si no fuese una cuesta, pensando que no hace falta un gran esfuerzo añadido, sino que es sólo un paso más hacia delante y lo das con ánimo y confianza, llegar a la cima se convierte en algo más sencillo. Además, aunque en ocasiones podamos pensarlo, nunca caminamos solos, siempre hay alguien en quien apoyarnos.

Hoy, he vuelto a casa sintiendo que he cambiado, con nueva confianza, con mi fe fortalecida, llena de vida y en paz conmigo misma, con una nueva actitud para afrontar la vida.
Simplemente, feliz. El Camino continúa ahora.

Mónica de la Piedra (Valencia)