A lo largo de la historia del cine encontramos narraciones de muchos
tipos. Algunas de ellas te hacen llorar, otras te hacen crecer como
personas y también las hay que te hacen entender que la vida es muy
complicada. Pues 12 años de esclavitud tiene un poco de todo esto. Es
una película dura, y lo es porque está basada en un hecho real y porque
se sabe que lo que allí se cuenta, ocurría en realidad. Narra la
profunda vivencia de Solomon Northup,un afroamericano libre que vivía en
Nueva York, con su mujer y sus dos hijos, unos años antes de que
estallara la Guerra Civil en Estados Unidos. Es un ciudadano respetable,
que se relaciona con sus vecinos con cordialidad y al que tienen
profundo respeto. Ha viajado, sabe leer y escribir, se mueve en el mundo
de la industria maderera y toca el violín maravillosamente. Pero este
hombre libre es secuestrado y vendido como esclavo a una plantación del
sur. Y desde ese momento lo idílico de la sociedad americana se
transforma en el sufrimiento de un hombre que ve pasar lo peor y lo
mejor del ser humano ante sus ojos mientras lucha por su vida y por su
dignidad como persona.
¿Por qué ver 12 años de esclavitud?
Porque es necesario contemplar historias que no nos hagan inmunes al
dolor de los demás. Si tenemos que hacernos cargo del sufrimiento del
otro y queremos ser seres compasivos, es bueno meterse en la piel de los
que te rodean. Y esta película te ayuda a ello.
Porque hemos escuchado miles de veces cantar soul, espirituales y
góspel, pero pocas veces hemos sentido lo que significa. Y hay una
escena en la película donde Solomon canta Fluye, Jordán, y uno comienza a entender el sufrimiento de los más débiles. Es impresionante.
Porque es una lección de teología que nos ayuda a comprender cómo
entendemos a Dios y cómo podemos llegar a manipularlo con nuestra
maldad. Pero también cómo se ha convertido en el referente de salvación
para los que sufren.
Porque es bueno y educativo, aunque sea duro, encontrarnos con ejemplos
en la historia de la humanidad que muestran que las cosas están mal,
que existe injusticia, y que muchas veces los seres humanos no han
podido hacer nada por evitar el mal.
Porque también nos hacen falta modelos de superación, de creatividad y
de esperanza, aunque la esperanza no esté en recuperar la libertad sino
en creer que el hombre es digno de la vida.
Porque estamos, sin duda, ante una película que va a hacer historia.
Los actores, la fotografía, los cielos de color rojo, la simbología, los
cantos, los primeros planos… es todo un regalo.