LUNES SANTO: La higuera

El lunes, al encaminarse de nuevo al Templo de Jerusalén, "sintió hambre". Pero en lugar de recurrir a los suyos pidiendo alimento, se dirige hacia un higuera buscándolo. Sabe que florecen hacia junio y raramente lo hacen en abril; pero le mueve un deseo intenso de que Israel dé buenos frutos, a pesar de todas la evidencias. Tiene hambre del amor de su pueblo y de todos los hombres. Pero aquel pueblo es como la higuera que tiene muchas hojas y ningún fruto. Y surge la ira profética como el relámpago en un cielo de tormentas, y clama hablando con el árbol, y más aún con su pueblo: "que nunca jamás coma nadie fruto de ti"(Mc). Los discípulos escuchaban sorprendidos.

Al día siguiente "Por la mañana, al pasar, vieron que la higuera se había secado de raíz". Los discípulos estaban acostumbrados a los milagros, pero esta vez se sorprenden, pues se dan cuenta que forma parte del mensaje de Jesús que les habla por medio de un símbolo. Un árbol frondoso y prometedor se ha secado casi de repente. "Y acordándose Pedro, le dijo: Rabbí, mira, la higuera que maldijiste se ha secado". Era como decirle explícanos esta nueva parábola unida a un milagro tan extraño. Jesús abre su alma y les explica algo esencial: el valor de la fe y la importancia del perdón y les contestó: "Tened fe en Dios". La necesitarán pues dentro de poco van a ver la debilidad de Dios.

Empiezan unos días que cambiarán la historia por completo. Jerusalén. Jesús. Un mundo nuevo por descubrir. Sufrimiento. Promesas. Muchedumbre. Injusticia. Símbolos. Muchos símbolos. Una madre. Apóstoles.  Una cruz. 

No es casualidad que Jesús comience esta semana enseñando a través de la higuera. La Higuera es un símbolo claro de JERUSALÉN, MUCHAS HOJAS Y NINGÚN FRUTO. ¿Cuántas veces en nuestra vida andamos sin paciencia esperando los resultados inmediatamente? ¿Cuántas veces recibimos críticas y momentos negativos que nos acaban hundiendo en vez de seguir adelante? ¿Cuántas veces decimos, decimos, decimos pero no hacemos? Párate, haz silencio. Resérvate un momento del día para tí. Piensa en todo lo que tienes alrededor, en tus acciones, en tus decisiones y hacia donde te encaminas. Piensa lo que vas sembrando en ese camino o lo que dejas de sembrar.